Xk-Uno/en la zona trece: toda una experiencia

Las puertas del viejo ascensor se abren, y te encuentras en un enorme hangar apenas iluminado. Al principio te sientes nerviosa, pero luego te acostumbras y comienzas a ver las increíbles mesas de cristal y acero, y los pequeños candelabros de colores  que parecen flotar en la penumbra. Justo cuando crees que eso es todo, aparece, como por arte de magia, un maravilloso acuario en forma de medialuna. Tardas unos instantes en entender que se trata de la barra, tras la cual se preparan increíbles cócteles de sabores y colores exóticos. Los peces que brillan en el acuario parecen componer una coreografía, como parpadeando, apagándose y encendiéndose mientras van de izquierda a derecha. Pero volvamos a los cócteles, especialidad indiscutible del bar xk-Uno, cuyo nombre es un homenaje a nuestra revista. Erik Balkatz, su propietario, llegó a nuestro país convencido de que ya lo había aprendido todo en la Escuela Alternativa de Gastronomía de Estocolmo, y en la Integral Basic and Gastronomical School de Nueva York. Lo que no sabía era que en nuestro país se cultivaban algunas de las frutas y verduras más exquisitas del mundo, y que con ellas elaboraría una de las cartas Gourmet más increíbles de la Zona Trece. “Lo primero que me dieron a probar fue un jugo de guanábana simple. No lo podía creer. Todo ese sabor estallando en mi boca, esa fusión perfecta de ácido y dulce que se desliza por tu paladar para quedarse allí unos segundos, los más increíbles que te puedas imaginar”. Más tarde encontró los sabores del mango dulce y el lulo, y los mezcló con su adorada guanábana para crear el Dry White Guanabian con ginebra y triplesec, una de sus mejores creaciones. A pesar de la sencillez de sus ingredientes, el secreto de esta mezcla es algo que Erik guarda con bastante celo. A parte de él, sólo el barman, Urlick Backman, oriundo de la vieja Holanda y amigo personal de Erik, conoce la encantadora fórmula que no puedo dejar de saborear una y otra vez, mientras me quedo hipnotizada con la suave danza de los peces en su media luna. Tras probar algo más del variado menú, entre cócteles de coco, ananá, plátano hartón y guatila verde, escucho una especie de susurro metálico que va creciendo a mis espaldas. Me doy vuelta lentamente, y descubro que en un costado del recinto va apareciendo la Killer Band, como traída por la luz roja del único reflector suspendido sobre los músicos. Se trata del plato fuerte de la velada, una de las bandas más poderosas y polémicas que se pueden escuchar en la Zona Trece.

INCURSIÓN-IMAGEN-MOVIMIENTO-DAPHNE / enrique rodríguez araújo

 

UNCURSIÓN RAQUEL
Imagen por, Raquel Solórzano. http://falsoraccord.org/interior-11

 

Ella misma pasando de cuerpo humano a memoria de flujo. La persigue, cachondo, Tarquino (en pixeles).

Ella sobre los edificios deviniendo flujo de información. En azul claro y oscuro, en rojo suave, color piel, desnudándose a medias mientras pasa de lo físico a lo digital. Perturbadora, ofensiva.

Se proyectará la imagen de noche, desde muy lejos, desde un lugar inexpugnable. Acaso desde una alcantarilla, o desde una ventana invisible, con dispositivos muy pequeños.

Los manipulan sus asistentes o seguidores de plena confianza. Casi nunca es posible atraparlos. Cuando ocurre, se suicidan o se hacen matar.

Es su primera incursión, y todos hablarán de ello. Los noticieros pasarán imágenes borrosas: “En algún momento se creyó que ella… nadie la ha visto más”.

Se ve en todas las paredes el misterioso logo negro, azul o rojo con esas extrañas siglas. Al Ministerio de Salud Pública le cuesta mucho trabajo borrarlas…

A mucha gente le gusta el inesperado espectáculo que interviene ciertas zonas de la ciudad. Sólo los más viejos y el gobierno se quejan y piden su cabeza.

 

Desaparece en la iglesia y las casas consistoriales, repetida en miles de cuadros que proliferan en la imagen-movimiento. Del blanco rotan a la suma de cuadros que van apareciendo en filas, luego azarosamente, hasta convertirse en millones de puntos… ruido gris-blanco en movimiento sobe la fachada de la casa de Nariño.

Se satura el no-lienzo blanco con imágenes que parpadean, azules, verdes y rojas, de la catedral y las invisibilizadas casas consistoriales (recurrir a plantillas basadas en óleos sobre lienzos y grabados de época). Parpadean y luego desaparecen en una mancha temblorosa, amoratada…

Música de fondo: traqueteo de ametralladoras.

Debe ser molesto pero atrayente.

 

Betty la Fea y Popland: pupila y la retina. Una sobre otra en transparencia son idénticas. Se miran al espejo la una en la otra, y se van probando diferentes cuerpos, desde Shakira hasta Scarlett Johansen. Pasan por allí también los cuerpos de miles de galanes del cine, la T.V. y la Política Nacional.

Cuerpos de hijos e hijas de puta, de cadáveres y mutilados.

El parpadeo de cuerpos se detiene y tiembla, palpita la imagen de un viejo alemán abrazando a una negrita en pose pervertida, muy pervertida (hacer registros en Cartagena y la Habana). Nada de moto-sierras en cascada, sólo puñales y horrendas puñaladas a todo color (utilizar fotografías de Medicina Legal). Alternar con imágenes de todos los alcaldes de la City, y de algunas calles y edificios emblemáticos. También corran banderas y siglas.

tómese como instrucciones.

 

 

CUMPLEAÑOS / María Alexandra Cabrera

El día de su cumpleaños número trece, su abuela murió. Desde entonces, todos los 19 de enero Daphne Ruhz se encierra en su apartamento de Rosales, cubre el espejo de plata de la sala, baja las cortinas, desconecta el teléfono fijo y apaga el celular.

Se envuelve en una bata roja, abre una botella de ginebra y enciende un cigarrillo. Luego saca de su mesa de noche una pequeña libreta. En una hoja hay gran número 13 y en otra el dibujo de un gato con cola de pez.

Daphne se tira en la cama. Con los ojos abiertos intenta ver el techo sin parpadear. Imagina cómo sería morir, dejar de existir en ese mismo instante. Piensa en su obra, en la futilidad de su trabajo. Recuerda con nostalgia las caricias de su madre y con asco el olor de la barba de su padre. Se acuerda de su primer beso -cálido y húmedo- , de los zapatos de charol que su abuela le trajo de Europa, del día en que decidió cortarse el pelo y, por primera vez, sintió que todo era posible.

Piensa en su incapacidad para comprometerse, en su miedo a equivocarse, en la soledad que siente algunas noches. Toma la libreta y con un lápiz rojo escribe “libertad” mientras se muerde violentamente los labios hasta sangrar. Mira el reloj, son las 5:12 de la tarde. Con las manos temblorosas prende el celular. El nombre de Esteban aparece en la pantalla. Marca, oye timbrar tres veces, cuelga y lo vuelve a apagar.

Entonces busca la caja fuerte. Adentro hay una foto de su abuela en el mar, unos aretes de perla, una carta que aún no se atreve a abrir y varios billetes de cincuenta mil. Le da una mirada rápida a la foto y bebe un sorbo de ginebra. Se muerde de nuevo los labios. Luego se pone los aretes, se quita la bata y toma un puñado de billetes en la mano.

Desnuda, sube las cortinas y abre las puertas de la terraza. El sol es una pequeña pepa naranja. El viento revoletea el pelo de Daphne. El frío la hace sentir viva. Ella sonríe. Tira los billetes por la terraza y observa cómo el viento los mece en el aire. Oye que de otro edificio una voz agria le grita: ¿necesitas compañía?, pero ella no le hace caso. Balancea el cuerpo, toma la botella de ginebra y la vacía en la cabeza mientras le grita al mundo “feliz cumpleaños a mi”.

María Alexandra es:

http://blogs.eltiempo.com/ventana-violeta/2016/11/01/lo-mejor-de-la-semana-del-arte/ 

 

 

 

 

Las ondas

Las ondas se alejaron nerviosas; un temblor; el espejo antes de quebrarse. “Si no hubiera tenido que salir así; dejándolo todo. Si por lo menos la sirena del pueblo…”. Sus labios le agradecieron al principio, pero luego la lengua y la garganta le advirtieron lo que ocurriría. Sintió el líquido en el centro del pecho y luego en el vientre, como aterrado de lo oscuro, abriéndose paso en desbandada. “No importa; ya nada importa”, se dijo. Alguna vez soñó con caracoles desnudos.

Imaginó el fondo cubierto de lodo, las algas ondulando como jirones de piel. Mudas y lentas, en síncopas resignadas. La mano sobre el hombro le dio confianza; pudo imaginarla pálida y aún joven, aquel mapa de tendones crispados en el borde de las sábanas. Tragó varias veces sin respirar; no había tiempo. Los aviones, la infantería… El siguiente pueblo y a salvo; el siguiente pueblo y a salvo.

-¿Qué haces? -La voz le llegó de muy lejos, como escapada de unas ruinas.

Recordó aquella vez, jugando en la cocina, envueltos en cobijas y sábanas. Llovía. Estaba gris, como ahora. “Un par de tragos más y estoy listo”.

Supo que lo había escuchado, porque dejó de sentir presión en el hombro. Apenas un cosquilleo detrás de las rodillas, y de pronto el fondo cubierto de lodo, las algas en su rostro.

Daphne Ruhz.

La resistencia doscientos años atràs

Este fragmento es una reconstrucción hecha por miembros activos de La Resistencia. El documento original fue sustraído del Archivo Conjunto Nacional durante la última guerra Inter-ciudades periféricas-, y extraviado luego durante complicadas operaciones de espionaje e infiltración.

La fidelidad del presente documento ha sido certificada por la Oficina Central de Comunicaciones y Divulgación, adjunta al Comando Central de La Resistencia.

LDAVIi”(…) las leyes que provocaron el crecimiento desmesurado de las poblaciones periféricas buscaban regular la construcción de obras para adecuar la tierra y mejorar las actividades productivas agropecuarias, sin causar daños a la cuenca hidrográfica. Sin embargo, las cosas no resultaron así. Las conexiones de aguas otorgadas a los particulares provocaron una mala utilización del recurso, y en lugar de generar sistemas productivos agropecuarios, se dio vía libre a la industria turística y del ocio. Se construyeron grandes casinos, hoteles y parques temáticos sobre la tradición agropecuaria del país, con grandes espectáculos de danza y teatro costumbrista. Con el juego y el turismo llegó la prostitución, y los grandes industriales, casi todos parientes malvados del presidente de turno, fueron reemplazando los sistemas de control estatal por los suyos propios.

En lugar de convertirse en estados independientes, estas ciudades levantadas sobre suelos no aptos para la construcción, comenzaron a ejercer tanta presión sobre la cabeza del presidente, que su figura pronto se convirtió en la de un títere al servicio de los industriales.

“(…) y no fueron las guerras contra los países del cono sur las que causaron el colapso de estas impresionantes máquinas de hacer dinero, sino el daño ecológico provocado por el tipo de construcción urbana que se diseñó, cuando los planos y proyectos iniciales legalizados sólo contemplaban “la construcción de obras de infraestructuras determinadas con riego, drenaje o protección contra inundaciones (…). Casi inmediatamente todo se había convertido en material de utilería para los grandes espectáculos. Los industriales adquirieron los títulos y concesiones a nombre de terceros que figuraban como miembros del gremio agricultor, y las áreas adjudicadas de esta manera tan viciosa siguieron llamándose Distritos de Adjudicación de Tierras.

“La defensa y protección de los recursos naturales que se suponía integrada al ordenamiento legal respectivo, se materializó contradictoriamente en la fachada de algunos hoteles y casinos que ostentaban grandes oasis zoológicos, atestados de animales no nativos que parecían siempre muy activos y felices en medio de la vegetación hidropónica que brillaba día y noche con colores inverosímiles.

“Tras las falsas villas y haciendas ecológicas, la verdadera geografía se deterioraba a pasos de gigante. Miles de especies nativas se asfixiaban sin remedio bajo el sol calcinante o morían congeladas en la noche sin encontrar refugio. El Departamento de Sanidad y Basuras recogía cientos de cadáveres descompuestos durante las primeras horas de la madrugada, con tal maestría y disimulo, que ni siquiera los borrachos amanecidos y otros noctámbulos sin oficio se percataban de lo que ocurría”.

Nuevas drogas de control social

Fuentes revelan que en el interior del edificio Martín Camacho, asignado al Departamento de Investigación Criminal de la Policía, existen laboratorios especializados en el diseño y prueba de diferentes drogas que alteran el sistema nervioso humano. Aunque en un principio los experimentos se realizaron en animales como chimpancés y perros, ahora se realizan en víctimas humanas.

“Los científicos que allí trabajan están convencidos de que las conductas criminales, según ellos debidas a anormalidades hereditarias, pueden ser controladas si se logran neutralizar los efectos de ciertas enfermedades neurológicas como la epilepsia”. Sin embargo, estas drogas no han tenido resultados favorables. Según la fuente que aquí se cita, los experimentos realizados in situ han causado graves daños en el organismo de los conejillos de indias humanos, en su mayoría presos políticos, estudiantes universitarios y jóvenes en general. “Cuando se trata de jóvenes, los agentes gubernamentales se hacen pasar por estudiantes, e interactúan con sus víctimas en los diferentes bares y discotecas que rodean las universidades. Aprovechando cualquier descuido, introducen las drogas en las bebidas, o si las cosas se ponen íntimas, utilizan medios más elaborados para introducirlas en el organismo por medio de la saliva y otros fluidos. Esto nos hace creer que existe algún tipo de antídoto contra los efectos de estas sustancias, lo cual es esperanzador”.

Dentro de los efectos de estas drogas se describen convulsiones, desmayos, asfixia y pérdida del control de esfínteres, entre otros efectos menos notables como depresión y euforia momentánea, pérdida del apetito y del sueño, falta de concentración, y amnesia de corto plazo.  Por lo tanto, encontramos necesario recordarles a nuestros lectores que no es momento de bajar la guardia, y que debemos tomar nuevas medidas de precaución cuando nos movilicemos por la ciudad. No es cuestión de tornarse paranoicos sino de saber mirar e interpretar gestos y movimientos.

Daphne Ruhz: crónica de una entrevista

Decenas de llamadas y conversaciones inútiles con sus asistentes; minutos y minutos escuchando murmullos y golpes metálicos al otro lado del teléfono; cientos de cancelaciones, incluso estando ya ante la puerta de su estudio. Nada. Parecía como si la joven fuera una invención de nosotros los periodistas, o la ingeniosa farsa de varios artistas reales que se divertían atribuyéndole sus propias obras.

Finalmente, un día ocurrió. El sujeto alto y delgado que abrió el portón de hierro color magenta me hizo una seña con el indice, y entré. Llevaba anteojos, pantalones negros muy ajustados y un saco verde oliva de lana que le quedaba pequeño.  Sus botas de militar color cereza se veían pesadas. Sin embargo, el sujeto parecía flotar sobre el camino de tierra por el avanzábamos.  En el flanco izquierdo se alzaba un muro de concreto pintado de blanco, y en el derecho se extendía un hermoso jardín de rosas rojas. Me sentía ansioso. Por fin iba a conocer a la misteriosa artista Daphne Ruhz.

Al final del sendero culebreante estaba su estudio: un enorme contenedor verde puesto sobre una estructura de vigas entrecruzadas. El asistente se detuvo junto al pasamanos de la escalera que llevaba hasta la pequeña puerta a la derecha del contenedor, y me indicó que subiera. La artista apareció de pronto, con un vestido color uva ceñido al cuerpo. Las mangas, el cuello y el ruedo del vestido eran como hojas de lechugas que oscilaban al viento. Me detuve un instante y le dirigí una sonrisa nerviosa. Entonces ella también sonrió, con mucha amabilidad, y me invitó a seguirla.

La luz del sol entraba por las enormes claraboyas en el techo y por el ventanal que remplazaba el metal en la parte posterior del contenedor. Había varios pliegos de papel con dibujos y bosquejos de prendas de vestir, joyas y otros objetos indefinidos sobre la mesa de madera que se extendía junto al ventanal. Una docena de maniquíes vestidos con modelos de colores y formas disparatadas completaban el cuadro.

Sin decir una palabra, cerró la puerta, y se acercó lentamente. Me invitó a sentarme. Su sonrisa era extraña pero cautivadora. Sobre la mesa trasparente al rededor de la cual nos sentamos había pequeños recipientes con frutos secos, una jarra de vidrio con jugo de mora,  y dos vasos transparentes muy largos y delgados. Aún no decía nada mientras comía los frutos secos y me miraba fijamente. Asumí que también debía comer algunas almendras. Luego de aprobar mis acciones con un gesto, sirvió el jugo en los vasos transparentes. Sus labios, rojos y brillantes, eran carnosos pero elegantes. Al rededor de sus ojos color miel se extendían dos nebulosas púrpura y azul metálico. Tomó un poco de jugo y recostó su espalda.

DR: Bueno, ¿y qué te trae por aquí?

Le dije que la revista xk-uno estaba interesada en conocer sus últimos proyectos de arte y moda, y en su opinión sobre las últimas tendencias en el país y el mundo.

DR: No te entiendo cuando dices “últimas tendencias en el país y el mundo”. Pero bueno, dejemos eso para después. ¿Qué te interesa saber de mis obras?

Xk-uno: Tengo entendido que estás por sacar una nueva línea de joyería.

DR: ¡Oh; sí! Estoy diseñando de nuevo, aunque esta vez paso por alto ciertos requisitos.

Hizo chasquear sus dedos y apareció una chica vestida como hombre de los años treinta:  sombrero, camisa blanca, chaleco y pantalón de paño negro raya-tiza, y tirantes vino-tinto. Traía una bandeja llena de extraños objetos brillantes. La puso sobre la mesa y se alejó hacia el fondo del recinto.

DR: Estos son mis nuevos modelos. Los hice con acrílico y metal. No son muy cómodos, pero lucen perfectos. Es posible que causen heridas en las muñecas y los dedos. Mira, para la muestra un botón.

En sus nudillos y su dedo anular había varias costras parduzcas. Las del dedo se extendían por el dorso de la mano hasta la muñeca. Su otra mano estaba llena de pequeños puntos negros, como diminutas islas en un mar de leche.

DR: Me siento orgullosa de mis heridas. Son como el triunfo de la inutilidad.

Pasó la yema de sus dedos por el mapa de sus islas con una lentitud que me pareció inquietante. Sonreía mientras lo hacía, pero no como antes; se mordía los labios.

Xk-uno: ¿Y crees que hay mercado para esto? Es decir; ¿son tus admiradores tan devotos como para usar estas alhajas cortopunzantes?

DR: Bueno, en realidad creo que se trata del lenguaje más que de otra cosa. El lenguaje es un artefacto inútil, que en el extremo de su inutilidad, hiere el sentido, tortura el significado hasta hacerlo estallar. Es entonces cuando a la fiesta llegan los payasos sosteniendo sus propias cabezas entre las manos, y el rostro de los comensales, hartos del protocolo, vuelve a brillar.

Xk-uno: Creo que muchos padres de familia no estarán muy satisfechos con tus argumentos. ¿Sabías que muchos de tus admiradores son menores de edad?

DR: ¡Oh sí! Me encanta que así sea. Los colores desmesurados, el metal afilado y el plástico brillante lucen mejor sobre la piel nueva.

Xk-uno: Veo que también estas usando materiales reciclables. ¿Es eso un tenedor?

DR: Sí, es un tenedor. También uso tuercas y tornillos, cuchillos de mesa y cucharas. Sé que no es algo nuevo, pero yo les doy nuevas formas. Fíjate cómo estas bisagras aprietan las agujas del tenedor sobre la muñeca. Así, el adorno no es solamente el artefacto, sino tu propia piel sonrosada, allí donde se pincha, como formando nuevas constelaciones.

Collares de tachuelas y trozos de vidrio; pulseras de tornillos y limaduras de hierro; engastes de puntillas, cabezas y puntas de alfileres, cuchillas de afeitar y toda clase de pequeños fragmentos hirientes de muchos colores. Todo un inventario de pequeñas máquinas de tortura que hubiesen encantado a los curas de la inquisición.

Xk-uno: ¿Y qué me dices de tus últimas colecciones? Veo que estás trabajando en algunos modelos.

Nos levantamos de nuestras sillas, y nos dirigimos hacia los maniquíes.

DR: Estos vestidos están inspirados por la misma filosofía que inspiró las joyas. Como ves, mucho acrílico y metal.

Xk-uno: ¿Por qué no usar tela?

DR: Porque la tela no refleja los colores de manera tan intensa y brillante.  A veces mis vestidos son tan complicados que causan heridas. Es este el que más me gusta. Lo llamo Doncella de Hierro, por un documental que vi en alguna parte.

Este otro es La Mariposa. Es una mariposa sin alas. Solo el cuerpo, que se ciñe al tuyo, y sus afiladas patitas que tienden a horadar los costados. Una vez más, el adorno trasciende y se hace orgánico…

Xk-uno: ¿No te parece que tus vestidos pueden ser peligrosos?

DR: Depende de lo que entiendas por “peligroso”. Me parece que los políticos son un ejemplo de lo que es peligroso para mí. Mientras ellos destruyen lo que tocan, yo me encargo de adornar el cuerpo. ¿Qué hay de peligroso en ello? Mis diseños son lápices que dibujan, que escriben en la piel. No se trata de simples y aburridos objetos utilitarios, como los que usas para que la gente te dé su visto bueno.

Xk-uno: Háblame de tus trabajos de arte. ¿Tienes pensada alguna exposición?

DR: Oh, bueno. No tengo nada organizado aún, pero estoy trabajando en cosas nuevas. Pero no puedo hablarte de eso. Solo debes saber que se trata de varias intervenciones en la calle y ciertos edificios públicos.

Xk-uno: Ahora debo hacerte una pregunta obligatoria: ¿qué piensas de las últimas tendencias en las artes y la moda nacional e internacional?

DR: Realmente no estoy muy enterada de lo que ocurre en el mundo o en el país. No leo los periódicos, no veo noticieros ni magazines. Salgo mucho, sí, pero de fiesta, y siempre con las mismas personas. Por lo general, con mis asistentes, que tampoco son muy dados a eso de la actualidad. Simplemente pensamos, planeamos, y creamos. Eso es todo. Tampoco voy a las exposiciones, salvo si se trata de las mías. No me gusta interactuar con la gente ¿sabes? Prefiero observar.

La alarma de su reloj comenzó a sonar.

DR: ¡Oh; caramba, querido! Creo que tenemos que despedirnos. Se me hace tarde.

Sin darme tiempo de nada, dio media vuelta y salió apresurada del edificio. Luego apareció la chica vestida de hombre, y me invitó a salir.